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Viernes a la noche, Juana La Loca

Sábado, agosto 11, 2012 | Coberturas, Nota Destacada | Por Nonfreaks
Viernes a la noche, Juana La Loca

Deleitó a sus fanáticos con sus acordes.(FOTO:SOFÍA ESTEVES).

La banda liderada por Rodrigo Martín hizo vibrar las tablas del escenario de Groove ayer, luciendo su música como bien saben hacerlo.

Por: Javier Esteves.

Juana La Loca se presentó ayer en Groove en el marco de su último álbum “Pastillas para el dolor”. Relajados, amortiguados (Billordo y Bochatón ejecutaron previamente hora y media de show), Rodrigo Martin (Dueño, Letra, Voz) y su séquito de cesionistas camaleónicos dedicaron música e ingenio, para que un recinto a medio llenar se mantuviera tibio a base de hits, sonrisas y aglomeración de subte.

La discoteca “Groove” disponía de toda su extensión liberada al público ingresante: el puñado de fans prematuros y expectantes se arrojaban a los espacios “VIP” con marcado ademán de revancha. Una hilera de bolas disco, sostenidas por un cielorraso de goma espuma, giraban lubricadas sobre su eje. Tan solo faltaban caños metálicos que avivaran las miradas de fanáticos devenidos en plebe, pogo y planta baja. Es viernes a la noche: Juan La loca está vestida para matar.

Suena Invisible, del disco “Revolución” (1995): oleadas de cuerpos vestidos con cuero se acoplan contra el escenario, contentos de que las bandas teloneras abandonaran el edificio. Martín exige, entre riffs y bombos en negra, que nuestros corazones “se abran como flores hacia su centro de placer”. Canciones que hablan sobre ventanas cerradas y mujeres neuróticas y voluptuosas, se suceden a un ritmo tal que, correctamente fundida esa mezcla entre Babasónicos y Oasis en español que es la garganta de Martin, resulta imposible evitar el vuelo propuesto por una cortina visual dedicada a todos los fanáticos del Arcanoide y la ranita Froggy.

El corte Boomerang sucede al introductorio; a lo que un tema homenaje a Batman eclosiona entre un coro de gente burlándose de Aquaman y Superman. De repente, sin ton ni son, el cantante se despide farfullando una excusa, mientras las luces se encienden, la banda se escurre hacia los camarines, y la gente se amontona para conseguir el nuevo cd en los stands contiguos al escenario. La primera mitad del show finaliza como quien compra música en Itunes. De esta manera, se entrevé el pasado de Martin como estudiante de psicología y publicidad.

Suena Sábado a la noche, y a más de un presente se le vuelca el vaso. Es que las luces continuaban apagadas cuando los acordes y la melodía irrumpieran entre el murmullo transformado en gritos de excitación y puertas rebotando como en la entrada de un prostíbulo cowboy. El cantante zarandea, sin calzoncillos, unos pantalones color Papa Noel, mientras canta y baila una danza de oficio, espasmódica, que por algún motivo despierta, entre un público absorto y en rictus de recital playero, la sensación paradójica de ser todos, a la par, una comunidad de “pendeviejos”. Entonces, artífices y espectadores se alinean mientras suena Cupido: indudablemente se está de lleno en el Mundo Juana.

“Qué placer tocar temas nuevos; no saben lo divertido que es”, arenga Martin en simultáneo a Huyamos del destino, corte de difusión insignia del último disco. Viernes a la noche se concatena como en una burla al tiempo con olor a Channel y sangre con pepa. Angelical llueva en su poesía como redimiéndose la falta de una balada. Todavía retumba la reflexión eje de Vida Modelo cuando Martin confiesa: “Los quiero mucho, y lo saben. Estuvieron en mis malas, y están en estas, las mejores”.

¡Reviví el show mirando las fotos en la galería de Nonfreaks!.

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