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Frente agnóstico acuático

Jueves, octubre 11, 2012 | Coberturas, Nota Destacada | Por Nonfreaks
Frente agnóstico acuático

Agnostic Front (foto) y H2O hicieron vibrar el Teatro Vorterix con todo el poder de su hardcore. (FOTO: JAVIER ESTEVES).

Agnostic Front y H2O se presentaron ayer en el Teatro Vorterix, producto del tour latinoamericano que vienen realizando juntos desde mediados de año. Las bandas neoyorquinas de Hardcore brindaron un concierto de 80 minutos que sirvió para las lágrimas de un público multi-age bañado en tatuajes, y desnudos en remeras rudas.

Cobertura por: Javier Esteves.

A eso de las 9 y pelito, la tropa liderada por Toby Morse arremetió el escenario, dando riendas sueltas al escalafón de frases mordisqueadas y rabiosas que, como en el chino o el alemán, tanto podrían piropearte o mandarte al carajo sin cambiar de tono. Un público atomizado por los expectantes fanáticos de Agnostic Front se arrojó a un pogo infante, dispuestos a llevarse algún pedazo de Morse a casa (quién se acercara incesantemente a las vallas de prensa, ofreciendo micrófono y tórax como extensiones erógenas de su ser). Independientemente del sonido y la torpeza del equipo de producción de turno, sorprendieron la efusividad y camaradería de esta agrupación de Manhattan quienes, con unas horas de sol encima, y algún semestre de español, tranquilamente podrían hacer las veces de connacionales fanáticos de el Diego, la birra, y el asado entre amigos.

Hacia el final de su presentación, harapos con la insignia de Agnostic Front despedían a los H2O con ademanes de “Buen viaje, vuelva pronto”; mientras Morse zarandeaba dos hojas carcomidas y manuscritas, arrojándolas como tupido floral de novia hacia una marea de manos practicando la antropofagia con tal de hacerse del preciado playlist.

(Entonces, oscuridad, calor palpable, gente charlando como familiares, dedos señalando incisivos al soundtrack de fondo –y espera-; el tiempo pasando en vasos de cerveza –o relojes de arena-.)

Frente agnóstico acuático

El público festejó y pogueó ambos shows con toda. (FOTO: JAVIER ESTEVES).

Aparece Agnostic Front. No hay pirotecnia, alarma de alerta nuclear, músico de soporte danzando, fanática blandiendo test de embarazo, gente improvisando un ruego en espanglish. No. Roger Miret y compañía se alzan sobre las tablas, secundados por una inscripción digital de fondo, cuyos caracteres (formando el nombre de la banda) tanto podrían significar  “Cucarachas radioactivas” o “Residuos Bacteriológicos”.  Miret nos pregunta si compramos el nuevo CD (“My Life, My Way”); un rugido se concatena afirmativo; suena Police State; y ahí sí parece que los Nazis se nos vienen en plena madrugada, mientras todo el teatro grita “¡You know we hate you, you know we hate you!”, en inconfundible alusión a la policía neoyorkina.

Miret nos agradece en su español de cubano natal. Los barman se miran aburridos. Las barandas circundantes al pogo nunca fueron tan agradecidas.  “¡Volvamos a la vieja escuela!”, brama el frontman; entonces, Victim in pain vibra en el aire, y la gente se encastra orgánica y ritualística.  El tema A mí manera la sucede en un lapsus de karaoke en castellano, donde el hit en boca de todos se presenta vocero de una incursión musical arriesgadísima: grabar Hardcore en español con tipos que aprendieron el idioma por correo. Sin embargo, resulta; tiene un efecto orgásmico en la multitud, al punto de que yo también aúllo como un primate “¡Mi chielo, mi uida, mi glorria es tu infierno; Tu apuntas con el dedo, yo uivo como quierro!”.

La canción Crusified es acogida con un pogo tranquilo, similar a un río de mousse. Con Gotta Go, el coro en la muchedumbre confecciona banderas invisibles hechas con aire pulmonar y lo hondo de la intimidad. Take me back impacta entre cabezas uniformes, y diagrama, cartesiano, la mirilla propia del armamento militar. Contiguo a mí, un fanático con olor a pis intuye los prolegómenos del final.

-¿Lesh gushtan losh Rramonesh?, inquiere Miret

-¡savbcsavcfhjacvhsalcvbsalcsahcvas!, responden puños elevados y hambrientos

Entonces, cantando al borde de un ACV, Miret entona Blitzkrieg Bop, golpeándose el pecho (eructando los versos). A mi, y a todos los que nos refugiamos en la barra, se nos mueve involuntariamente la pierna marcando el “¡Hey oh, let’s go; Hey, oh, let’s go!”; a lo que de repente me abraza el fanático con olor a pis; pierdo mi cuaderno en el camino; me jacto de usar calzoncillos. Miret y su cofradía nos dicen “chau y hasta el año que viene”.

 

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