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Festival Rock y Reggae: Día 1

Sábado, diciembre 15, 2012 | Coberturas, Nota Destacada | Por Nonfreaks
Festival Rock y Reggae: Día 1

Guasones fue el cierre de la primer fecha del Festival Rock y Reggae Buenos Aires 2012 (FOTO: NICOLÁS SESTA).

El viernes 7 fue la primer fecha del festival “Rock y Reggae”, domiciliado en el microestadio Malvinas Argentinas, donde bandas insignias y prominentes de Uruguay y Argentina se reunieron a celebrar un fin de año anticipado.

Cobertura por: Javier Esteves.

Apenas cruzado el umbral del Malvinas, se apreciaba el armado de tribus afines en un ambiente reinante de ONU. Los fanáticos se acomodaban a los costados sobre las gradas, dando esa sensación de estadio lleno pero portátil, compacto, plegado.

Con Salta La Banca fuera del escenario, el humo residual del show significaba destape, correspondiente espuma, y coágulo divo. Había más audiencia lentamente.

Cielo Razzo –banda oriunda de Rosario- seguía en la grilla; y, por qué mentir: sus remeras abundaban (el público así lo dictaminaba).

[Alguien pegó el grito de alerta (y apertura y apagón)]

I

Suena Quizás si (Buenas, 2001), y la gente corea “o, uouooo ooo oooó”, acompañando el riff mafioso y pegadizo en guitarra. Pablo “Polilla” Pino se agiganta delante de un micrófono elevado al mínimo, graficando ese encuentro bíblico entre David y Goliat frente a un público que se regocija heterogéneo –típico de festival-. Pequeña caja (Compost, 2010) se concatena casi paradójica a lo descrito, mientras un haz de luz verde tatúa a toda la banda, dándole ese provenir alienígena que hace justicia al sentimiento fanático corriente.

“Es un placer estar acá –confiesa el Polilla-, tras un 7D que no salió como esperaba”, sentencia el frontman, en clara alusión al litigio entre el Grupo Clarín y el Gobierno nacional.

De caer (Grietas, 2007) nos baja a tierra con una balada de luna y pelos largos; antesala a un jamming salsero entre Cristian Narváez (bajo), Javier Robledo (batería) y Carlo Seminara (percusión); introductorio a la aparición espontánea y soluble al agua de Edu Schmidt (violinista, cantante, ex Árbol) para hacer Demás (Código de barras, 2003).

“Se viene un cover de nuestro ídolo”, vaticina el cantante; entonces, Diego Almirón y Fernando Aime (guitarras y coros) entonan Taquicardia. de Fito Páez, a la par que Marcelo Bizarri (teclados), obligado –tal vez- por su rol instrumental, desenfunda una fiel imitación del histrionismo característico de Páez al tocar.

A la promesa -bramada por los fans- de formar un pogo acorde a un cierre, le siguió Chapa y bandera; culminando com la frutillita de ver al Polilla volando hacia su gente tras un stage jump impecable, olímpico.

 II

“Y dale el Bordo, dale el Booor” es el eco que se mezcla entre bufidos y bullicio de recambio –histérico- entre un público satisfecho y otro expectante. El calor penetrando impone la brusca perspectiva de estar en medio de un campo de refugiados –las dimensiones edilicias se prestan cómplices-. La gente del staff opera como colmena, malabareando buffers y amplificadores; concientes de estar sujetos a un cronograma militar.

En las inmediaciones del microestadio abunda la gente desmayada sobre el pasto, aledaña a los stands con merchandising víctima de la inflación. Caras largas decoran la fila al baño de mujeres. Donde vagan los sueños (Historias Perdidas, 2010) irrumpe desde los alto parlantes, y la garganta de Ale Kurz (guitarra y voz) provoca pánico entre los que corremos hacia el escenario –¡cuántos colegas somos!-.

“Así, así, yo sé que así le gusta, sí”, ronronea Kurz cuando Así (En la vereda de enfrente, 2006) sobrevuela al público entre estribillos –inspirados en Shakira (chequear tema, por favor)- que pintan a la formación bonaerense de cuerpo entero.

Diego Kurz (guitarra) y Pablo Spivak (bajo, timidez galopante) dan marcha a Jazz Barrial. Las luces –simples, blancas, lacónicas- enhebran aires de comercial de Pepsi, con chicas haciendo trapecio sobre machos de llanto reprimido, y la pelota transparente –ausente en esta ocasión- pasándose entre brazos sudados que acompañan los bises.

“Amigos, gracias por venir”, celebra Kurz. “Los esperamos en Rosario, para seguir compartiendo como en esta noche llena de amigos”, arenga el cantante, preso de la ecolalia y la euforia. Silbando una ilusión se planta hitera y pipa de la paz –los fans de Guasones (siguiente banda en grilla) abandonan la cara de culo y se levantan de entre las gradas-. La patada le prosigue con cortes de percusión seductores de Miguel Sofier en batería. Tesoro da pie a Leandro Kohon (armónica y teclados) a tomar el micrófono y agregar un toque ranchero al tema.

Entre banderas flameando nacionales, del alma, Kurz y compañía ejecutan Soñando Despierto (Yacanto, 2007), perdiéndose el final, el saludo y la invitación de la banda entre la brisa que provocan los trapos girando.

III

“Vamos a tocar sólo Rock ‘N’ Roll”, sentencia Facundo Soto (Voz), entre alaridos alegres luego de confundirnos tres veces (con tres miembros de staff distintos) el arranque del show. Maximiliano Timczyszyn (Guitarra y voces), Esteban Monti (Bajo), Fernando Muto (Guitarra) y Damián Celedón (Batería) tocan Soledad (Con la casa en orden, 2001), bañados por reflectores que forman, jugando, un ambiente de recital en el Conrado Casinos.

Como un lobo (Esclavo, 2008) sale a escena proponiéndonos correr por los bosques a medianoche –probablemente drogados y desnudos-. Flores negras (Toro Rojo, 2005) aflora hit de entre un juego de luces que celebra un atardecer con puesta de sol (“…necesito ver su cara, tanto como ver la lluvia”, reitera Soto incesante.)

Fui silbando continuó el hilo musical, varando en Estupendo día –con coro gospel estratégico-, y en Desirée (partes I y II); colonizando el ambiente desde un fuerte deseo grupal por hacer el amor ahí, ahí mismo.

Soto despliega su halo callejero con movimientos de tipo portando smoking alquilado, y finura innata. “No, no, no soy un hombre perfecto”, farfulla el frontman impaciente en Caballo Loco. “Mi  palacio está hecho de cristal y sal; bien o mal, lo que había el viento se lo llevó”, prosigue en Me estás tratando mal (hoy, versión acústica). “Una vez más me volví a pelear con mi otro yo; ¡qué asesino!; quiero salir, me quiero divertir”, comienza a reconciliarse Soto en Ya estoy subiendo. “Y ahora estoy en libertad, y ahora que puedo pensar, en no volver hacer ese el mismo de antes”, concluye el cantante, encontrando ecosistema en Reyes de la noche.

Con el público empachado por tantas bandas y tanta fecha por tan poca plata, Dame obró de moño y plin caja, justo cuando “Nos perdimos sin saber donde quedo lo peor, en tu cuerpo me enrede, y así salió nuestro show”.

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