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Dragonforce y Trivium sacudieron Flores

Jueves, septiembre 13, 2012 | Nota Destacada | Por Nonfreaks

Dragonforce y Trivium supieron conquistar al público argentino y llevarlos, quizás, a esa sensación en la que se borra todo de la cabeza y lo único que aparece allí es la música y las ganas de dejar todo en el show.

Por: Ismael Garro Daian.

Las cortinas se abren y centenares de miradas recorren cada centímetro del escenario  para saber cual es la próxima banda. Pero los fanáticos ya lo habían predicho pidiendo por ellos: una D y una F rodeadas de un fuego furioso se reflejan en una pantalla, entre la oscuridad y el humo. Dragonforce ya está allí para comenzar una larga noche repleta de semicorcheas.
Holdíng on comienza a sonar: así la banda inglesa pluricultural de power metal presenta su último disco titulado “The Power Within”.

Marc Hudson llama la atención de todos con su cabellera rubia lacia.  Gime alto, pero los ojos no se posan en él. Tratan de observar un pequeño punto de luz azul que proviene de uno de los dedos de Herman Li, guitarrista principal chino. Li acostumbra a mover sus dedos a una velocidad increíble. Técnica pura.

El resto de la banda no se queda atrás. Con chaqueta de jean y un gorrito, Sam Totman se mueve de un lado a otro en el escenario, junto al bajista  Frédéric Leclercq (look a lo Kirk Hammett). El tecladista Vadim Pruzhanov (ucraniano) también muestra su precisión y virtuosismo. A un costado y al fondo del escenario se encuentra escondido Dave Mackintosh, el baterista.

Mientras repasan las canciones de toda su discografía, Li lame la guitarra y la patea. Su mano parece invisible, solo el anillo asegura que sus dedos están allí. “Barre” sobre las cuerdas y su guitarra relincha a lo Steve Vai.

Heroes of your time y Cry thunder ya pasaron. Es hora de que comiencen a sonar los acordes de Through the fire and flames, esa canción; una de las más difíciles de la saga de los “Guitar Heros”. La gente enloquece, arma un circulo y comienza a girar. En el verso saltan todos, se revolean manotazos y patadas.  Los músicos solean, saltan al unísono y posan como para una portada de un cd. Esto es Dragonforce.

Pero no son el número principal de la noche. Trivium se hace desear. Entre remeras de Metallica, Slipknot, Pantera, Linkin Park y más, las remeras de Trivium aparecen en cantidad.

La introducción críptica de Capsizing the sea anticipa lo que se viene. El Telón está abierto y se visualiza el nombre de la banda estadounidense de metalcore en la pantalla. Salen los músicos desde las bambalinas y Flores comienza a vibrar gracias a In waves, primer corte de su último cd homónimo. Hace años los fans esperan a la banda y aquí están ahora saltando al compás con ellos.

El cantante Matthew Heafy, (look a lo Matthew Bellamy) se presenta con una remera negra, chupines y tatuajes en los brazos. Grita, quiebra su garganta, pero también sabe cantar. Está acompañado por  Corey Beaulieu, primer guitarrista, look a lo Robert Trujillo. Él también llena la noche de semicorcheas, gracias a unos solos que hacen acordar a los fraseos del conocido guitarrista de Metallica, Kirk Hammett, y al sonidocaracterístico de Zakk Wylde.
Paolo Gregoletto (pelado a lo Zeta Bosio) sorprende: no usa púa y mueve los dedos sobre las cuerdas de su bajo escarabajo de una manera espectacular.

Trivium repasa sus álbunes y se sorprenden del público. Parece que volvieron maravillados al visitar Brasil y que no se esperan algo mejor aquí. Pero se equivocaron. Se maravillan. “Están jodidamente increíbles”, grita Heafy. Los fans contestan con un Olé olé Trivium!
Rain, Built to fall y Ember to inferno ya pasaron. No hay lugar para el descanso. Los fans saben que ningún tema tocado y por tocar los dejará descansar un momento. En realidad no quieren parar, vinieron a esto.

Saltan al unísono del doble pedal del baterista Nick Augusto, también con look diferenciable, con camiseta de basket a lo Limp Bizkit. Se encuentra en otra tarima del escenario que lo deja aún más arriba de los demás. El sonido de su equipo de percusión es destacable, y el control sobre los tresillos implementados también. Una ametralladora al pecho.

Heafy no puede creer como la gente corea y salta en cada tema como si fuera el último de la noche. Y su sorpresa llega al climax cuando el público canta una y otra vez: Soy de Trivium, es un sentimiento, no puedo parar. El líder del grupo agarra una filmadora y filma el homenaje del público. Nunca escuchó algo así. Y no sale de su asombro. “Les prometo por lo que hicieron, que siempre volveremos, esto es increíble”.

El concierto de semicorcheas parece llegar a su fin con los gritos de A gunshot to the head of trepidation, la rápida e intensa Throes of perdition (al grito de Die y die!!!) y el final de “In waves”: Leaving this world behind.

Pero se respira Incertidumbre. ¿Es el final del show? La energía acumulada del público parece responder que todavía hay para más. Pero es el fin. A los músicos les cuesta despedirse, no caen todavía del nivel de show que les brindaron los fans. Y Trivium también los dejó satisfechos a ellos: cada bocanada de aliento de los fans fue agujereada por cada semicorchea tocada.

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